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Así es el CIMA julio 2004 Ya se ha colocado la última piedra que reviste los más de 15.000 metros cuadrados del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA). Con el nuevo curso, la piel del edificio cobrará también calor humano. En cuanto terminen de instalarse los equipos técnicos y el material científico, más de 300 profesionales compartirán conocimientos y resultados en cuatro áreas señaladas de la investigación biomédica. Desde finales de septiembre el centro es una realidad CIMA completa un ciclo en la Universidad. Su función: albergar a equipos multidisciplinares formados por biólogos, médicos y farmacólogos, que trabajarán en estrecha colaboración tanto en investigación básica como aplicada. Cuatro son los frentes en los que van a centrar sus estudios: oncología, fisiopatología cardiovascular, neurociencias y, por último, terapia génica y hepatología. Distribuidos por plantas, en un total de 15.030 metros cuadrados diseñados por el arquitecto Carlos Docal, está previsto que unos 320 profesionales aúnen esfuerzos para avanzar en el área de la biomedicina. De momento, ya se han incorporado 220 entre científicos y técnicos, así como personal de Administración y Gestión. “Nuestro objetivo es generar conocimiento”, sostiene el director general del CIMA, Francisco Errasti. “Si queremos un hospital universitario que forme a especialistas de primera línea en una medicina de vanguardia y nos preocupa encontrar soluciones para las enfermedades de tantos pacientes, entonces no podemos dejar de invertir en investigación. Nos sentimos obligados y comprometidos”, asegura. ¿Cómo es el CIMA por dentro? 4 áreas de investigación. 320 expertos. 15.030 M2. estos datos recogen el verdadero soporte de un Centro que busca impulsar las ciencias biomédicas. se prevé su inauguración en septiembre. Docencia, investigación y atención sanitaria. Estos tres pilares de la Universidad encontrarán a partir del próximo curso nuevo cimiento en una potente estructura biomédica llamada CIMA. ¿Por qué construir un edificio de estas características? “Porque sin el respaldo de una investigación de calidad no puede ofrecerse una educación cualificada y competente, ni puede plantearse una mejora de la asistencia”, afirma Francisco Errasti, director general del Centro. De momento, la nueva sede acoge a parte del personal administrativo. En los próximos meses se trasladarán progresiva y rápidamente, para no frenar el desarrollo de sus proyectos, los equipos de las cuatro áreas de investigación que habitarán entre sus paredes. Seleccionadas por su incidencia, la suma de estas áreas (oncología, fisiopatología cardiovascular, neurociencias, y terapia génica y hepatología) abarca más del 90% de los fallecimientos del mundo occidental. Advierte Francisco Errasti que el interés por avanzar en el área de la biomedicina parte de una base consolidada en las facultades de Medicina, Farmacia y Ciencias, en la Escuela de Enfermería, la Clínica Universitaria y el Centro de Investigación en Farmacobiología Aplicada. “La ventaja es que ahora se agruparán en un Centro, compartirán conocimientos y contarán con mejores recursos”. Lo funcional sobre lo estético Ubicado frente a la Clínica, en los 15.030 metros cuadrados que modelan el CIMA prima lo funcional sobre lo estético, según apunta el autor de su diseño, el arquitecto Carlos Docal: “Está planteado de dentro hacia afuera con el fin de evitar rebuscamientos y hallar soluciones prácticas”. Así se puede apreciar en la triple división de su estructura. Mientras el cuerpo central acoge elementos comunes de uso frecuente, en la fachada Sur de cada planta se sitúan ocho laboratorios, y en la Norte, la zona administrativa junto a otros locales de apoyo. “Pero si es importante invertir en piedras, aún lo es más hacerlo en capital humano”, recuerda Fernando de la Puente, director gerente. En los últimos años se han multiplicado las entrevistas en España y en el extranjero para contratar científicos de primera línea cuyo perfil encaje en el puzle del CIMA. Tras los últimos fichajes, aún quedan por completar un centenar de puestos científicos y técnicos hasta alcanzar los 320 previstos. “Se trata de un proceso lento porque muchos investigadores viven un momento álgido de su carrera y esta decisión supone un gran cambio. Sin embargo, alegra ver cómo muchos creen en el proyecto y dan este paso”. ¿Y cuánto cuesta el CIMA? El presupuesto es de 33 millones
de euros, a los que hay que añadir otros 15 millones anuales de
mantenimiento. Para financiar este proyecto en 1998 se constituyó la
Fundación para la Investigación Médica Aplicada.
Entre otras acciones, el curso pasado firmó un acuerdo de joint
venture con 15 entidades constituidas en una Unión Temporal de
Empresas por el que, a cambio de contribuir con 152 millones de euros
en diez años, se quedarían con la explotación de
los resultados. De hecho, a medio-largo plazo, se espera que el Centro
se financie con la comercialización de las patentes de los descubrimientos. “De
este modo, esperamos completar el ciclo productivo. La idea no es sólo
investigar y publicar, sino aplicar los logros en la Clínica y
llevarlos también al mercado para que toda la sociedad pueda beneficiarse”,
subraya Francisco Errasti.
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